La ruta de regreso me dejó cerca de casa, tan cerca de las vías principales como de mi propia agenda. Caminé entre calles, me sentía acompañada por una amistad cercana que no podía ver, de repente entre esquina y esquina vi cientos conejos de todos los colores y tamaños saltando, eran familias enteras así que llena de sorpresa me vi andando entre ellos, me agaché y pude acariciarlos al pasar, tenían un suave y espeso pelaje que se entremezclaba con plumas. Sí, ¡Plumas!. Era un día soleado, nunca me sentí tan feliz en la calle, a la luz del sol entre... ¿Pájaros?
Cerrar los ojos en presencia de minerales, plantas, estampas y cartas.