Desde el mirador de la montaña, una guerrera de actitud contemplativa sintió el viento rozar su rostro y cabello mientras esperaba al otro lado de la nada y escuchaba una voz que decia: "ni en las guerras de los Balcanes alguien sintió un abrazo tan profundo" ... En ese momento dejé de verla, para ser ella, sentir la caricia de una sombra de calor que me rodeó por la espalda y me dejó saber que podía respirar de nuevo.
Cerrar los ojos en presencia de minerales, plantas, estampas y cartas.